El logro de la Revolución Genómica
           
Durante la última década, la terapia génica ha sido utilizada con éxito para tratar varias enfermedades monogénicas, y ella promete ser útil para el tratamiento de enfermedades de etiología más compleja. Mas aún, el reciente desarrollo de las células madre pluripotentes inducidas abre la posibilidad de realizar trasplantes autólogos de células genéticamente corregidas. Recientemente, la Agencia Europea del Medicamento aprobó el primer tratamiento de terapia génica en el mundo occidental. El avance sustancial en este tema (comparado con las décadas previas) presagia el desarrollo de terapias génicas para la mayoría de las enfermedades monogénicas. Teniendo en cuenta esta extraordinaria oportunidad, estamos proponiendo la creación de un Consorcio Internacional de Terapia Génica para las Enfermedades Monogénicas. Este consorcio facilitaría la coordinación de la producción y la disponibilidad de una variedad de vectores, oligonucleótidos y proteínas recombinantes -incluyendo las nucleasas zinc-finger y las nucleasas Tal-efectoras-, así como apoyar el desarrollo de modelos animales adecuados, estudios preclínicos y ensayos clínicos. Los recursos financieros se deben desarrollar de forma tal de atraer la colaboración del sector privado, impulsando el desarrollo de una industria de terapia génica; algo así a como el proyecto Apolo de exploración lunar estimuló el crecimiento de la industria espacial y de la computación en la década de los 60. En este siglo, un esfuerzo similar concertado será necesario para el desarrollo de tratamientos eficaces que lleguen a la cura de enfermedades aquí en la Tierra!

Un modelo para dicho consorcio se pueden encontrar en el campo de la genómica. Los avances en el campo de la genómica han sido rápidos debido en gran parte a la formación de consorcios internacionales, tales como los proyectos Genoma Humano y ENCODE (Enciclopedia de elementos de ADN). Estos consorcios contaron con importantes presupuestos de varias agencias gubernamentales, lo que permitió una intensa colaboración entre científicos así como el compromiso de la industria para el desarrollo de tecnologías de apoyo. Los fondos que estuvieron disponibles para esos proyectos contrastan patentemente con los presupuestos relativamente limitados que han estado disponibles para la investigación en terapia génica. Por lo general, la mayoría de los investigadores en terapia génica trabajan en equipos de reducido tamaño, dedicados a una enfermedad específica, y disponiendo de un presupuesto relativamente pequeño. Por otra parte, la financiación para la investigación de terapia génica tiende a ser fraccionada, con una parte importante proveniente de fundaciones privadas apoyadas por los pacientes y sus padres y amigos. Aunque estos reducidos equipos de investigación logran varias veces presentar pruebas de concepto para una determinada estrategia de terapia génica utilizando cultivos celulares y modelos animales, por lo general carecen de la experiencia y financiamiento para concretar eficazmente esas estrategias en ensayo clínicos.

La dispersión de los esfuerzos y los limitados fondos disponibles para la investigación en terapia génica, determinan que la realización de ensayos clínicos sea extremadamente difícil. La creación de un consorcio internacional permitiría a los pequeños equipos de investigación aprovechar de una experiencia e infraestructura más amplias, aumentando las posibilidades de que tratamientos potencialmente beneficiosos pasen a la etapa de ensayos clínicos. Existen ya consorcios de más reducida extensión que pueden servir de ejemplo. Las redes de colaboración europeas patrocinadas por la Unión Europea han demostrado las ventajas de la colaboración entre científicos básicos, investigadores clínicos, industria, organizaciones de pacientes y autoridades reguladoras. Este esquema de colaboración y de redes multidisciplinarias interactivas es ideal para hacer frente a los distintos retos que ofrece este polifacético campo. De este modo, un esfuerzo así concertado resulta mucho más rentable. Uno de esos grupos, el Consorcio Trasatlántico de Terapia Génica, ha desarrollado con éxito estrategias de terapia génica y ensayos clínicos, en su mayor parte para enfermedades raras del sistema hematológico e inmunológico. En el Séptimo Programa Marco de la Unión Europea se financiaron dos proyectos paneuropeos de traslación a la clínica: uno focalizado en enfermedades neurológicas y neurodegenerativas (NEUROMICS), y el otro en enfermedades renales raras (EuRenOmics). En los Estados Unidos, la Red de Investigación Clínica en Enfermedades Raras fue financiada por los Institutos Nacionales de Salud y por la Oficina de Investigación en Enfermedades Raras, con el fin de facilitar la colaboración entre expertos en muchos tipos de enfermedades raras. El proyecto FORGE de Canadá, un consorcio nacional de médicos y científicos,
está utilizando tecnología de secuenciación de próxima generación para identificar los genes responsables de 200 trastornos raros que se originan en la infancia, investigando su etiología molecular. El Consorcio Internacional de Investigación en Enfermedades Raras (IRDiRC), lanzado en abril de 2011, tiene como objetivo fomentar la colaboración internacional, maximizando los recursos y los esfuerzos de coordinación en investigación sobre enfermedades raras. El intercambio a nivel mundial de información, datos y muestras se ve obstaculizado actualmente por la ausencia de una exhaustiva clasificación de las enfermedades raras, terminología de referencia estándar, ontologías comunes y exigencias de regulación armonizadas. El IRDiRC tiene dos objetivos principales a alcanzar en el año 2020: poner a punto 200 nuevas terapias para las enfermedades raras, así como los medios para diagnosticar enfermedades más raras. El grupo desarrollará luego el marco científico y político para orientar las actividades de investigación y fomentar la colaboración entre las partes interesadas para explorar sistemáticamente las oportunidades de acelerar el desarrollo de diagnósticos y terapias para enfermedades raras. Sin embargo, se debe destacar que la mayoría de las 200 terapias propuestas actualmente por este consorcio se basan en el uso de moléculas pequeñas y no en terapia génica o celular.

Creemos que es necesario desarrollar un consorcio de terapia génica más amplio, con un presupuesto más grande, de forma de poder abocarse al desarrollo definitivo de tratamientos de terapia celular y génica para la mayoría de las enfermedades monogénicas hereditarias en los próximos 20 años. Este consorcio permitirá el desarrollo de áreas concretas de especialización. Un obstáculo importante para la comercialización de la terapia génica de las enfermedades raras es la falta de un modelo de negocios sólido para las empresas debido al pequeño número de pacientes involucrados, al hecho de que un tratamiento único puede curar a los pacientes de por vida, y a los requisitos de los organismos federales para la evaluación a largo plazo. Como se ha sugerido recientemente, los fondos públicos se podrían utilizar para cubrir los costos de instalaciones de fabricación centralizada y para subvencionar empresas con la necesaria experiencia, como se hizo en el caso de las vacunas.4 Un consorcio mundial facilitaría también el reclutamiento de mayores cohortes de pacientes portadores de enfermedades raras, dando solución al problema de las reducidas muestras que pueden lograrse en un solo país, permitiendo por ende el diseño de ensayos clínicos más sólidos. Por último, un consorcio de terapia genética podría facilitar la evaluación a largo plazo de los sitios de integración y los eventos adversos, para un mejor seguimiento de la seguridad de los nuevos tratamientos. La creación de un Consorcio Internacional de Terapia Génica para las Enfermedades Monogénicas sería, para estas enfermedades, el primer paso concreto hacia la medicina personalizada que la investigación genómica hace posible. Cabe destacar que algunas de estas enfermedades (por ejemplo, la anemia de células falciformes y la talasemia-?) afectan a millones de personas.

Al igual que los esfuerzos desplegados por la humanidad para viajar a la Luna en la década de los 60, esta propuesta representa un gran desafío, pero tenemos una obligación social hacia la comunidad de pacientes portadores de enfermedades raras, para colaborar y construir la infraestructura necesaria para hacer frente a tal desafío. Un consorcio internacional establecido haría más factible que se desarrollen terapias destinadas no sólo a los pacientes del mundo desarrollado sino también a los de regiones menos desarrolladas del planeta. Es de destacar que los avances científicos actuales hacen que encarar este desafío sea oportuno y que, en el largo plazo, las terapias génicas para estas enfermedades sean económicamente rentables. Así como lo ocurrido con el Proyecto Genoma Humano, es claro que las tecnologías para corregir el genoma humano progresarán en los próximos años gracias a los incentivos adecuados, dando un impulso a una nueva economía basada en el conocimiento. Este es el momento crucial para dar este paso.

http://www.nature.com/mt/journal/v21/n2/full/mt20134a.html

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